Turismo en Pachia

jueves, 11 de agosto de 2011

MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE PACHIA



Fué creado por Ley de la República, el 20 de diciembre de 1856.
PACHIA es la capital del distrito del mismo nombre; está situado a 1095 m.s.n.m., su ubicación geográfica está al Nor-Este de la ciudad de Tacna y dista de ella 17.6 km.

El clima es agradable, templado y constante, puede considerarse a PACHíA como estación climática de primer orden para la convalecencia de enfermedades bronquiales, palúdicas y tíficas; por lo que el natural ingenio popular la llama la "Pequeña Chosica Tacneña".

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El pueblo está distribuído a lo largo de una calle central, posee una plazoleta, dos escuelas, un magnífico templo, donde se venera la imagen de San José, patrón del pueblo.

Las tierras que rodean al poblado son fertilísimas y en ellas se cultivan plantas variadas. Son famosos, quizá únicos en el país, sus "zapallos de carga" que se cultivan en el lugar.

Sencillamente, como el zapallo de PACHÍA, no hay otro igual. Especialistas Técnicos en agricultura han tratado el asunto con obstinado interés; la semilla de ese pepular zapallo, fué procesada conforme ordena la técnica, tratando de obtener la misma calidad de producción en otras localidades de tierra y clima aparentes. El fruto lo han obtenido; pero nunca jamás la calidad ni las características muy propias del zapallo netamente producido en PACHIA.

También en PACHÍA, la tierra del cielo diáfano y el sol esplendoroso, está su clásico maiz de crecimiento acelerado pues a los tres meses ya están los choclos provocativos. Se trata de una variedad que también es muy propia del lugar; una gramínea enteramente precoz, producto del suelo feraz de esa tierra que luce sus cerros festoneados de alegría con sus plantaciones de zapallares, ají, maiz y sus viñedos, así como las típicas vilcas con la arrogancia de su maravillosa fronda. PACHIA tiene una historia sugerente; el pueblo se fundó después de Calana. En tiempos de Mayta Capac y Wiracocha, llegaron al lugar los mitimaes "keswas".
En las postrimerías del virreynato y a principios de la república, PACHIA adquirió gran importancia, porque era el centro de un activo comercio con el altiplano y con el norte de la Argentina.
En los días azarosos de la contienda del Pacífico, muchos vecinos de PACHIA se enrolaron en las filas defensoras del territorio nacional.
PACHíA, tierra de valientes, fué paraje que cobijó a la ilustre figura del Gran Mariscal Ramón Castilla, quien el 29 de agosto de 1843, en las inmediaciones de ese pueblo legendario, defendiendo la Constitución Nacional, derrotó a las fuerzas del General Vivanco; luego, junto con el Mariscal Domingo Nieto, establece el Gobierno provisorio de los Departamentos Libres del Sur del Perú, que tuvo una fugaz duración; de ésta manera, PACHíA, por un instante fué capital del Perú, por expresa voluntad de dos esclarecidos y patriotas militares, con genuina representación nacional.
Después de la batalla del Campo de la Alianza, PACHIA fué el centro de la resistencia y de las correrías de los guerrilleros coronel Gregorio Albarracín Nieves, "El Centauro de las Vilcas" y Luis Pacheco de Céspedes "El Cubano".
Precisamente en PACHíA tuvo lugar el combate entre las tropas de Pacheco y tropas chilenas, el 11 de noviembre de 1883, resultando vencedoras las de Pacheco, quien, sin embargo, abrumado por el número de los refuerzos del adversario procedentes de Tacna, se vió obligado a retirarse hacia las tierras altas de Tarata, Ticaco y Candarave.
La palabra PACHIA, se deriva de las voces aymaras "PAYA", dos, y "CHIA", rasgar, dividir; o sea, "División del Camino". Efectivamente, el antiguo camino de herradura estaba divido en dos, un poco más abajo de la iglesia del pueblo. Algo que denota la fertilidad de las tierras de PACHIA, es la frondosidad de las vilcas que crecían y crecen en el lugar. Al efecto, se cuenta que, a raiz de la derrota del Campo de la Alianza, numerosas familias tacneñas huyeron a refugiarse a PACHíA ante el temor de los desmanes de las tropas invasoras. Es así que por espacio de varios dias, un grupo de más de cincuenta niñas, niños y ancianos se ocultaron bajo el coposo ramaje de una vilca gigantesca, que llegaba hasta el suelo, formando un amplio y seguro cobertizo.

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